Semana Santa Monóvar - Crónica 2010

   
  Semana Santa Monóvar
  Crónica 2010
 

Crónica de la Semana Santa 2010


  El tiempo, en ocasiones, viene tan despacio que da coraje, y se va tan deprisa que apenas tenemos ocasión de fijarnos en los detalles: ese clavel, esa marcha, esa mirada. Y aquí quedamos nosotros, año tras año, esperando el día en el que comiencen los ensayos, la tarde en la que vamos a mirar itinerarios, la hora en que el Burret salga a la calle. La Semana Santa pocas veces se reduce a una semana para un verdadero cofrade. Pero sigue siendo tan efímera como un par de minutos.

  Como efímero es el tiempo que nos ha traído a la Semana Santa del año 2010. Sin embargo, esta caducidad no debe hacernos olvidar el pasado, sino más bien recuperarlo. La Semana Santa con las imágenes que hoy conocemos aparece, más o menos, durante el primer lustro de la década de los 40. Hoy sabemos que algunas cofradías monoveras, como las de la Dolorosa o el Nazareno, tuvieron su origen años antes de la Guerra; sin embargo, podemos afirmar sin equivocarnos que la Semana Santa resurgió tras el conflicto bélico hace 70 años. Por ello, ahora que nuestras cofradías y hermandades comienzan a celebrar sus septuagésimos aniversarios fundacionales, es el momento idóneo para que surja un espíritu investigador que recupere nuestro pasado y lo deje publicado para la posteridad.


  Los actos previstos para la Semana Santa 2010 comenzaron con la presentación de la Revista Cruz de Guía 2010, cuarto número de esta publicación anual que recoge todo aquello referente a la Semana Santa de Monóvar. La presentación, celebrada a las 13 horas del domingo 14 de febrero, corrió a cargo de Santiago Ponsoda López de Atalaya, licenciado en Historia y hermano del Cristo, así como del Cristo del Mar de Alicante desde el año 2007.


  Abrieron el acto José Ríos, Presidente de la Junta Mayor, y Mª Francisca Parreño, concejala de Cultura del M. I. Ayuntamiento de Monóvar, que presentó a Santiago Ponsoda López de Atalaya e hizo un repaso por su carrera profesional y también cofrade. Tras ello, Ponsoda pasó a presentar la revista, este año cerrada por un artículo firmado por él, "L’origen medieval de les confraries". Su presentación comenzó con agradecimientos a la Concejala de Cultura, al Presidente y a los integrantes de la Junta Mayor de Cofradías, pasando a hacer un pequeño recorrido por su experiencia cofrade, y reflexionando sobre la evolución de la Semana Santa y la Pascua de Resurrección. Tras esto, añadió que "la paraula que pot definir" a la Semana Santa "és sentiment", una celebración que es "recolliment i festa". El discurso continuó versando entre su experiencia cofrade y familiar, y la reflexión antropológica acerca de la Semana Santa. Al hablar sobre la expansión de ésta en Monóvar, resaltó que "s’ha de pensar en créixer no soles a través d’innovacions importades, sinó també a partir de la nostra pròpia tradició", añadiendo también que para ello es necesario conocer la manera que tenían nuestros antepasados de celebrarla.
 

  En cuanto a la revista, la resaltó como fruto de la expansión de la Semana Santa monovera, antes de hacer un repaso por los textos que contenía Cruz de Guía 2010 y los bloques que la componían. Así, destacó los aspectos histórico, emotivo, antropológico y religioso que definen la publicación Cruz de Guía 2010 y la propia Semana Santa monovera. Santiago Ponsoda terminó agradeciendo al Consejo de Redacción su labor altruista, y al público la asistencia. Despidió el acto Mª Francisca Parreño.


  El sábado 20 de febrero comenzaron las misas semanales cuaresmales ofrecidas por las distintas cofradías de la ciudad. Así, empezó el ciclo la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y continuaron el Santísimo Cristo Crucificado el 27, Nuestra Señora de los Dolores el 6 de marzo, el Santo Sepulcro el 13, y Nuestra Señora de la Soledad el 20 de marzo.


  El viernes 19 de marzo, festividad de San José, se celebró a las 22’30 horas el Via Crucis por la Paz, organizado por la Cofradía del Santísimo Cristo Crucificado. En él, como es habitual, la imagen del Santísimo Cristo Crucificado fue portada sobre unas sencillas andas metálicas por mujeres y niños mayoritariamente. El Via Crucis recorrió las calles del pueblo, llegando a la Casa-Hermandad del Cristo y regresando a la parroquia, en un itinerario en el que se leyeron y rezaron todas las estaciones, recuerdo del sufrimiento y la muerte redentora de Cristo. Ya en la parroquia, y tras leer la última estación, se expuso al Cristo en tradicional besapiés, por el que pasaron todos aquellos que le acompañaron por su Via Crucis.


  El sábado 20 de marzo, cuando eran algo más de las 20'30 horas, comenzó el Pregón Oficial de la Semana Santa en el Teatro Principal. El acto, dirigido por Virtudes Milán, empezó con la interpretación de la Marcha Real y A los pies de Sor Ángela por una banda de cornetas y tambores creada exclusivamente para la ocasión, formada por componentes de las cinco cofradías de la ciudad.


  Tras esta interpretación, Virtudes Milán hizo mención a la labor desempeñada por los integrantes de la Junta Mayor de Cofradías, presentando tras ello a José Ríos Armero, su presidente. José Ríos, tras apaciguar los nervios que le dominaban, presentó a Salvador Poveda Bernabé, Alcalde de Monóvar, quien a su vez también presentó al pregonero de la Semana Santa 2010, D. Rafael Maluenda Verdú, Vicepresident Primer de les Corts Valencianes y cofrade de la Dolorosa. Esta presentación hizo un recorrido por la vida profesional y política del pregonero, pero especialmente se detuvo en su carácter monovero y su implicación con la ciudad.


  Así, Rafael Maluenda comenzó su pregón agradeciendo la presentación de Salvador Poveda y saludando a todos los presentes, agradeciendo a la Junta Mayor su nombramiento como pregonero, y destacando su participación en actos de temática cofrade en un corto espacio de tiempo. Tras ello, se dispuso a exponer su reflexión personal acerca de la Semana Santa y su celebración, destacando el hecho de que la Semana Santa "no debe ser un acto folclórico para un cristiano". Un pequeño resumen de la Pasión de Jesucristo hizo hablar a Maluenda de la Última Cena y del Santo Cáliz usado por Cristo para la instauración de la Eucaristía: "Tomad y bebed, ésta es mi Sangre". Este Santo Cáliz, un elemento importante en la celebración de la Pascua judía, sería una de las más importantes reliquias que se custodia en la Comunidad Valenciana y en todo el orbe cristiano. Por ello, el pregonero quiso hacer un extenso inciso acerca de la historia del Santo Cáliz y del porqué de su llegada a Valencia, asunto abordado en el I Congreso Internacional del Santo Cáliz celebrado allí.


  Tras centrarse en esta preciosa reliquia, Maluenda siguió con la narración de los hechos de la Pasión de Jesús, para detenerse de nuevo en un instante muy conocido de los hechos que llevaron a Cristo a la Cruz: Verónica enjuga el rostro de Jesús con su velo, quedando grabado a sangre y sudor en tres pliegues del mismo, formándose así una importante reliquia que custodiamos los alicantinos: La Santa Faz.


  Después de narrar los avatares históricos por los que tuvo que pasar la reliquia de la Santa Faz, siguió recapitulando los hechos de la Pasión, haciendo especial mención a los momentos inmediatos a la muerte de Cristo y a la Resurrección, pues "este es el verdadero sentido de la Semana Santa". Con ello, Rafael Maluenda comenzó a hacer un repaso de las procesiones y cofradías de nuestra ciudad, empezando con la Procesión de las Palmas y la Entrada de Jesús Triunfante en Jerusalén, y alabando tanto a las diferentes bandas de las distintas cofradías, como a la mujer monovera y su importante participación, "que ha sido el verdadero artífice de la consolidación de nuestra Semana Santa". No se olvidó el pregonero de describir y narrar nuestro particular Domingo de Resurrección y el encuentro de la Virgen del Remedio, Patrona de Monóvar, con el Santísimo Sacramento en la Plaza de la Malva. Así finalizó el Pregón de Rafael Maluenda Verdú. El acto terminó con la aplaudida interpretación de Costalero de Fe, El Mestre y La Saeta por esa banda formada para la ocasión.


  El 28 de marzo, Domingo de Ramos, se congregó en la iglesia del Exconvento y en los alrededores multitud de personas portando una palma, ramas de olivo o pequeños broches de palma. En el interior del templo el párroco D. Antonio Alcolea procedió, pasadas las 11,30 horas, a realizar la Solemne Bendición de Palmas. Tras ello, comenzó la siempre multitudinaria Procesión de Ramos, cerrada por la imagen de la Hermandad de la Entrada de Jesús Triunfante, seguida de la banda de música La Artística. Como es habitual, los protagonistas de esta procesión fueron los más pequeños, que siguiendo la tradición ("Diumenge de Rams, qui no estrena no té mans!") vestían pulcramente y portaban, hasta que se cansaban de ellas, palmas que amenazaban a los ojos de los adultos. Pero también fueron protagonistas los niños en otro aspecto, puesto que durante todo el desfile procesional abrió el cortejo una banda de tambores infantil, formada por niños y niñas de distintas cofradías. Con esta banda, se consiguió que la procesión discurriera a ritmo pausado y se incrementó la ya de por sí multitudinaria y animada asistencia. El Burret
con Cristo sobre él discurrió tranquilamente por el itinerario fijado, acompañado por familias, niños y todo el público que quiso acercársele. Cristo se pasea triunfante por nuestras calles, viene rodeado y cargado de júbilo y alegría. Júbilo y alegría que se desvanecerá y dejará paso a la más honda de las penas y a la más miserable de las traiciones.

  La procesión de Palmas terminó en la Parroquia, donde se celebró la Santa Misa, con la Iglesia repleta de ramos y palmas y un general murmullo de alegría.

  En la tarde del Domingo de Ramos coincidieron dos hechos: como de costumbre, se trasladaron los pasos al templo parroquial para entronizar en ellos nuestras imágenes; por otro lado, se celebró una corrida de toros en nuestra plaza en homenaje y beneficio a la Semana Santa de Monóvar, con el Cid, el Capea y Cayetano Rivera.

  Con la llegada de la noche del Lunes Santo, comienzan en la ciudad las procesiones penitenciales. La primera es la de Jesús Cautivo, de la cofradía del Santo Sepulcro, que a las 21,30 horas se preparó para pisar las calles de Monóvar. Lo hizo con el estilo que le ha caracterizado durante estos años que lleva saliendo en procesión, en el mismo paso en el que procesiona el Santo Sepulcro el Viernes Santo. Con la marcha Reo de muerte salió Jesús Cautivo con su túnica blanca y las manos atadas. Poco a poco fue caminando, recibiendo una saeta al poco de su salida por el monovero Evedasto Pastor, llegando a los pies del casco antiguo y preparando la subida a la ermita de Santa Bárbara. Hasta Santa Bárbara, hasta ese Lunes Santo, sólo había llegado la Procesión del Silencio, pero por itinerarios diferentes al que iba a realizar Jesús Cautivo, puesto que la subida y el desnivel de la calle Masianet son impracticables para un paso de grandes dimensiones. Así, llegó el Señor sobre los hombros de sus costaleros a la esquina de Poveda con Masianet, abarrotadísimas ambas de gente esperando para ver la subida. Los costaleros iniciaron raudos la subida del primer tramo de la calle, deteniéndose el trono en la intersección con la calle Maño, para retomar la subida del último y más complicado tramo de la calle, recibiendo aplausos y gritos de apoyo. Sin duda fue éste un momento emocionante, en el que se hizo patente el esfuerzo de los portadores de Jesús Cautivo.


  Ya en Santa Bárbara, Jesús Cautivo quedó encarado hacia la Santa, y el párroco D. Antonio Alcolea rezó una bonita poesía llamada Túnica Blanca, típica del Lunes Santo malagueño y su Jesús Cautivo. Tras ello, el Señor quedó encarado al pueblo, donde se hizo una "levantá" dedicada a Santa Bárbara. La cofradía comenzó entonces su descenso hasta la parroquia donde, a los sones de Orando al Cielo, entró Jesús Cautivo alrededor de las 00,30 horas, de nuevo marcando ese estilo que ya le caracteriza.


  El Martes Santo es en Monóvar el día de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En este Martes Santo, esta cofradía pretendía cruzar el Palera y la Goletja, barrio últimamente olvidado en nuestras procesiones, y llegar hasta la llamada 'M-30'. Sin embargo, un derrumbamiento en el recorrido previsto hizo que tuvieran que variar el itinerario, llegando por Salamanca a Escultor, revirando al bajar la Riba y enfilando la calle Mayor.


  La cofradía comenzó su salida a las 22 horas. Abría el cortejo procesional un matraquero, antigua tradición que casi había sido olvidada, seguido por los nazarenos que acompañaban a su titular durante la estación de penitencia. Cuando todos ellos hubieron salido del templo, la Banda de Cornetas y Tambores se preparó en la calle para tocar una adaptación de Caridad del Guadalquivir, que esta vez marcó la dificultosa salida, que los portadores superaron perfectamente. Una vez estuvo el Señor en la calle, y en una actitud loable, la Banda de Cornetas y Tambores se dispuso detrás del paso, y no delante como se acostumbra a hacer en nuestra ciudad.


  De este modo, una de las más sugestivas imágenes de nuestra Semana Santa caminó por nuestras calles, con la cruz a cuestas, soportando el dolor y la cruz particular de todos aquellos que le dedicaron una oración o una mirada devocional. La altura de la cruz que porta hizo difícil el desfile procesional, pero los costaleros supieron sortear las dificultades y consiguieron realizar una bonita estación de penitencia. Se vivieron momentos emocionantes, como en la subida de la calle Argentina, la bajada de la Riba en la calle Escultor, y el paso frente a la Plaza del Cristo y el Exconvento, lugar tan vinculado a esta cofradía, y en el cual hoy hay colocado un mosaico con la imagen del Señor Nazareno.


  Jesús el Nazareno, cargado con la cruz en la que morirá, llega con entereza a la Arciprestal, en la que se recoge a los sones de A los pies de Sor Ángela. Parece un sueño que Cristo haya soportado ese peso durante todo el recorrido que le lleva hasta su muerte. Pero no lo hace por él, lo hace por nosotros. Nosotros somos los beneficiados de la muerte de Cristo y de su resurrección de entre los muertos.


  El Miércoles Santo, a las 22 horas, comenzó a salir del templo parroquial la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores. Cuando estuvo preparada la banda de tambores, se dio el toque que avisa de la salida de la Virgen, en la que los costaleros cambian el paso y la mecen cuando ya pisan la calle, en este año al ritmo de Costalero del Soberano. 


  Tras la Señora de los Dolores, comienza su salida la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. El elegante negro de sus nazarenos se ve continuado por el del manto de la Virgen, que de luto, sale a la calle en busca de su Hijo. El fuerte sonido de la banda de tambores acompaña a la Soledad durante todo su camino, sin dejarla más sola de lo que ya está, caminando por las calles de San Roque.


  Ambas cofradías, que discurrieron hasta el parque de la Alameda por recorridos diferentes, entraron en él por puertas también diferentes: la Dolorosa, por la de las Moreras; la Soledad, por la de Lope de Vega. La Dolorosa, que fue la primera en entrar al parque, reviró y se encaró al frente, esperando que llegara la Soledad. Cuando ésta cofradía entró en el parque y se acercó a la Virgen de los Dolores, el Hermano Mayor de la Soledad, Lino Palomares, y la Hermana Mayor de la Dolorosa, Lucía María Cano, intercambiaron sendos cuadros de agradecimiento por la colaboración que entre ambas cofradías se ha dado en los últimos años. Tras ello los estandartes conmemorativos de este hecho, encabezados con la palabra "Confraternidad", se incorporaron a sus respectivos cortejos, pues hasta ese punto habían estado intercambiados.


  Tras este pequeño acto, las bandas de ambas cofradías se unieron para interpretar juntos Por amor cautivo, marcha que acompañaría al encuentro que iban a protagonizar las titulares de las cofradías. Los costaleros de los dos pasos, muy bien sincronizados, mecen a sus imágenes una frente a otra, en un momento emocionante en que los varales de los tronos quedan casi unidos. Ese dolor de María, a los pies de la cruz, con su hijo muerto en brazos, enseguida se sucede de la soledad que siente. La Madre está dolida y sola; pocas cosas podrán ya consolarla.


  El pueblo, que había acudido en masa al parque de la Alameda, no quiso perderse tampoco la subida de las Moreras de ambas cofradías, pues lo iban a hacer una junto a la otra. Cuando los pasos se encontraron a la misma altura, las bandas de cornetas y tambores unieron esfuerzos para interpretar La Saeta. Las dos imágenes avanzaron sincronizadas toda la calle, algo que gustó a todo el público que allí las había estado esperando.


  Poco a poco, y ya una tras otra, las dos cofradías se dirigieron a la iglesia, pasando por Padre Juan Rico. La Dolorosa fue la primera en volver a casa, a los sones de una adaptación de Salve a la Macarena y En tu buena muerte, con una correcta interpretación de su banda de cornetas y tambores. Tras ella, llegó la Soledad, que entró con su característico y amplio paso, acompañada por los tambores de su banda. La procesión terminó alrededor de las 2 de la madrugada, lo que hizo que el público decreciese desde la Alameda hasta la entrada en la parroquia.

  La noche de Jueves Santo es la noche de la Procesión del Silencio. La cofradía del Santísimo Cristo Crucificado sale a la calle a las 11 de la noche, rompiendo la oscuridad y la quietud de la madrugada para anunciar la muerte de Cristo.

  Tiempo antes de que comenzase a salir la cofradía, tres matracas sonaron en la calle tres veces, anunciando la salida del cortejo. Estas matracas quieren recordar una antigua tradición de nuestra Semana Santa, por la que antes de cada procesión del Silencio, se tocaba la hoy inutilizada matraca del campanario.

  Cuando se abren las puertas del templo, con el pueblo sumido en la oscuridad, comienza a tocar la banda de tambores infantil, que le da salida a la Cruz de Guía de la cofradía. Tras ella, empieza el lento discurrir de los nazarenos que portan los cirios que alumbran las calles del pueblo y el camino que Cristo ha de seguir. Estos nazarenos cobijan las insignias de la cofradía y preceden a la banda de tambores, que una vez dispuesta en la plaza de la iglesia, comienza a hacer tronar sus tambores, esta vez siguiendo una poco adecuada adaptación de la banda sonora de Piratas del Caribe. Tras este toque, llega el redoble que marca la salida del paso, y con el que los costaleros del Cristo hacen salir velozmente a su titular, rodeado del rojo de los claveles y el blanco de los lirios o calas, que en su mayoría son donados por los devotos del Cristo.

  El itinerario de esta procesión del Silencio fue uno de los más arriesgados en años, pues volvió a discurrir por el casco antiguo. La dificultad comenzó en la calle de la Torre, pero antes de llegar a ella, Evedasto Pastor le cantó al titular de la cofradía una saeta titulada Que redoblen, y el músico monovero Rafael Sanchís ofreció al Cristo un aplaudido solo de trompeta.

  Como decíamos, la dificultad del recorrido comenzó en la subida y en la "revirá" de la calle de la Torre, prolongándose esa dificultad hasta la llegada a la Ermita de Santa Bárbara. La estrechez, pendiente y la presencia de cables en calles como Pescadería o Sacristán marcaron el vistoso recorrido, que como decimos volvió a llevar al Cristo a su casco antiguo. Sin embargo, en la calle y prolongación Esperanza el problema fue un furgón que impedía el paso del trono, problema que fue solucionado gracias a la experimentada cuadrilla de costaleros del Cristo.

  Ya en Santa Bárbara, se vivieron los momentos típicos de la subida a la Ermita. Se hizo una "levantá" al pueblo y dos reverencias, inapropiadas para una estación de penitencia, en recuerdo de los difuntos de la cofradía.

  El Cristo siguió caminando, ahora más tranquilo, por las calles de su pueblo. Él recoge todas las miradas, todas las concentra y de todos se lleva las penas. Poco a poco va llegando Cristo a su casa, acompañado de todos sus nazarenos, y con la banda de tambores marcando la cadencia del paso. La oscuridad es la compañera de Jesús hasta el momento de su entrada, alrededor de las 3 de la madrugada, donde el sonido de los tambores rompe la noche y marca las fuertes mecidas del Cristo en su entrada.

  El Viernes Santo las calles se tiñen de colores. Negros, rojos, verdes, morados, inundan el pueblo antes de que den las 19,30 horas. A esta hora comienza su salida el Nazareno, al que seguirán el Cristo, en Viernes Santo con rosas rojas, y la Dolorosa. Y tras ellos comienza su salida la cofradía del Sepulcro, que transporta a Cristo muerto, rodeado de olor a incienso y de flores blancas y moradas. Las cornetas y los tambores lloran al Hijo de Dios, cuyo cuerpo descansa inerte y semidesnudo sobre una simple losa, que le verá resucitar la madrugada del domingo. Pero eso no ha ocurrido aun y la muerte está presente en los corazones de los que le siguen, especialmente de la Madre, María, que se halla en plena soledad y en un improvisado luto, acompañando a Cristo hasta su Santo Entierro.

  Los costaleros del Sepulcro alzan al cielo la imagen del cuerpo yacente de Cristo al tiempo que entran en el templo, y en su interior, entre toques de clarines y cornetas, es conducido hasta su nicho bajo la atenta mirada de su madre, la Virgen de la Soledad. El solemne acto del Santo Entierro finaliza con las palabras del párroco, D. Antonio Alcolea, que recuerda que la muerte de Cristo no es más que un tránsito, pues horas después habrá resucitado.

  La celebración de la Resurrección de Cristo comienza con la Solemne Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo, la más solemne y fundamental celebración del año litúrgico, llena de símbolos y de ritos que anuncian la resurrección del Salvador.

  Al alba del domingo, la Virgen del Remedio se prepara para salir en busca de su hijo, pues alguien le ha dicho que no está en su sepulcro. Algo después de las 8 de la mañana, sale la Madre desde la parroquia, hasta el portal que desde siempre le da cobijo. Los monoveros viven momentos de jovialidad y parloteo en sus desayunos, hasta que la Virgen del Remedio, cubierta por el luto de su velo negro, decide volver a salir en busca de Cristo Resucitado. Como siempre, lo encuentra en la Plaza de la Malva, en su Sagrada Custodia, y con tres reverencias adelante, y tres atrás, se desprende de su luto y florecen en sus manos claveles de alegría. Las palomas vuelven a volar y suenan truenos de alborozo y la Marcha Real. Juntos y acompañados por el pueblo, Cristo Resucitado y la Virgen del Remedio vuelven al templo. Cristo ha vencido a la muerte y con ello termina la Semana Santa de este año.
 Pero comienza la del siguiente.

 

Carlos Navarro Rico
Cronista de la J.M.C.S.S.M
 
Crónica publicada en la revista Cruz de Guía 2011


 
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