Semana Santa Monóvar - Crónica 2008

   
  Semana Santa Monóvar
  Crónica 2008
 
Crónica de la Semana Santa 2008


    Otro año más llega la hora de planificar una nueva Semana Santa, pero siempre teniendo en cuenta toda nuestra experiencia cofrade de los años anteriores. La Junta Mayor sigue adelante, intentando superar dificultades que surgen por el roce entre personas discordantes, pero que deben percatarse de todo lo que les une si de verdad quieren que nuestra semana santa crezca y consiga un cierto prestigio.
 
     Adelante sigue el proyecto de Cruz de Guía, redactada por una comisión cuyo esfuerzo es más que destacable, y también se van dando pasos en actos como el Pregón Oficial de la Semana Santa de Monóvar. En el segundo año en que se celebra, corre a cargo de Demetrio Mallebrera Verdú, y coincide con la eucaristía por la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, en el día 1 de marzo. La banda de música monovera ‘La Artística’ ofreció una maravillosa interpretación de ‘La Madrugá’, pieza musical por excelencia de la Semana Santa, compuesta por D. Abel Moreno. Tras esto, un magnífico concierto de órgano precedió al discurso: Un pregón descriptivo, de líneas barrocas. Lo escuchado, que armonizaba con las propias características de la Iglesia, – aunque no con su temperatura – dejó en cada uno una reflexión particular acerca de cada una de nuestras imágenes y cofradías.

     Pero casi un mes antes, el sábado 9 de febrero, comenzaron las eucaristías por las cofradías, pero este año de manera especial: Comenzamos por la Cofradía del Santo Sepulcro, que en este día aprovechó para bendecir la imagen de Jesús Cautivo, convirtiéndose así en pionera entre las cofradías monoveras en contar con dos imágenes para las salidas procesionales.

     A partir del sábado siguiente, las eucaristías se desarrollaron con normalidad para el resto de las cofradías, los días 16 y 23 de febrero y 1 y 8 de marzo. Además, el día 14 de marzo, la Cofradía del Santo Sepulcro celebró su Cena de Hermandad.

     El viernes 7 de marzo una multitud se concentró en la Iglesia a las 22’30 horas para realizar el tradicional Via Crucis Público por la Paz, con la imagen del Stmo. Cristo Crucificado sobre las metálicas andas, portadas por todo aquel que quiso estar más cerca del Cristo en ese día, especialmente mujeres y niños, y que recordaron su Vía Crucis yendo por ‘les Coves Rojes’. Posteriormente, toda la gente que se había ido concentrando detrás del Cristo a lo largo del Vía Crucis pudo participar del Besapiés a la imagen, ya en la parroquia.

     Ya entramos en plena Semana Santa, y con previsiones meteorológicas nada despreciables, por suerte. Aún así, el día 16, Domingo de Ramos, amanece soleado, aunque algo frío. A las 11 de la mañana ya había mucha gente congregada en el Exconvento, y a las 11’30 nuestro párroco D. Antonio Alcolea comenzó con la Bendición de las Palmas, que dio inició a la Procesión de las Palmas, con la Entrada de Jesús Triunfante. Toda la multitud, especialmente los niños, observando al ‘burret’ y acompañándolo con aire festivo y al ritmo que marcaba la agrupación de ‘La Artística’, precedida por autoridades y la Junta Mayor de Cofradías.

     Llega el Lunes Santo, y un murmullo se escucha en todo el pueblo alrededor de las 10 de la noche. Y es que la Semana Santa monovera, y en especial la Cofradía del Santo Sepulcro, estrenaba nueva imagen: Jesús Cautivo. Multitud de personas congregadas en la puerta de la Iglesia, en el Jardinet, en todas las calles por las que la procesión pasaría. Ya han tocado las diez cuando se escucha el contundente paso que siempre marcan los costaleros del ‘Sepulcro’. Una salida veloz, brusca, de huida de aquel que se siente cautivo. Y todas las cofradías y asociaciones religiosas acompañando a esta nueva imagen en su recorrido, que abre el camino para que el resto de cofradías se unan a la iniciativa del ‘Sepulcro’ de incrementar el número de imágenes de nuestra iconografía religiosa. Durante la procesión, un solo de trompeta suena en honor a esta nueva imagen, y la procesión sigue igual de solemne que comenzó, con un cautivo de manos pero no de piernas que avanza por las calles de nuestro pueblo. Y de nuevo la multitud se reúne para ver la entrada del ‘Cautivo’, que de nuevo con paso firme entra en la Iglesia al son de las notas tocadas por la banda de cornetas y tambores del ‘Sepulcro’. Una procesión que quedará escrita en la historia de la Semana Santa de Monóvar con letras capitales.
 
    El Martes Santo, por segundo año consecutivo, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno prepara su salida desde la parroquia. Interpretando su salida demuestran la calidad que van alcanzando la banda de cornetas y tambores de la cofradía del Nazareno, que van superándose poco a poco, y durante la procesión y la entrada, confirman lo dicho: Una banda con mucho futuro. Y durante esta procesión, la imagen vuelve por unos minutos a la plaza del Exconvento, ahora nominada “Parque de Nuestro Padre Jesús Nazareno”. Y al pasar por allí, la campana de la Iglesia capuchina suena al paso de la imagen que tanto tiempo ha permanecido guardada en ese lugar que ahora vuelve a tener vida.
 
     Llega el Miércoles Santo y comenzamos a ver el tiempo algo inestable. Afortunadamente, no llueve, y las procesiones previstas pueden salir. Pasadas las 10 de la noche, comienzan a salir los primeros cofrades de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, vestidos siempre con su riguroso negro y trayendo el sonido de la solemnidad y el luto con ellos. Sale la Soledad con paso firme, que más de una vez vuelve atrás para asegurarse bien de por donde pisa, llevada por un séquito de costaleros que portan orgullosos ‘la María’, su símbolo, sobre ellos. Alrededor de ella, rosas, flores blancas. En las manos de María, los clavos y la corona espinada de Cristo, partícipes de su muerte. Custodiando a la Señora de la Soledad, la Guardia Civil. Luego, Cristo muerto en brazos de su Madre aparece tras la Soledad: Es Nuestra Señora de los Dolores, que aparece restaurada, más bella que nunca, pero reflejando el mismo dolor que siempre, con las siete espadas clavadas en el corazón y con el cuerpo inerte de su hijo sobre su regazo. El trono, barroco y estilizado en la oscuridad, se para en la puerta, y espera a que las notas de su banda suenen mejor que nunca para salir: un último empujón, y ya la Dolorosa está en procesión, al ritmo de las notas tan características de las piezas que ofrece su banda.
    Ambas cofradías apuestan por un itinerario arriesgado. La Soledad sube por la calle Mollana, una importante pendiente a superar. Ensayo, esfuerzo, sudor: todo ello se demuestra en el momento en que la Soledad comienza a subir vigorosa el último tramo de la cuesta, acompañada sólo por la luz de sus nuevos faroles. Gritos de emoción y suspiros de alivio: todo ha salido a la perfección. Y mientras, la Dolorosa, entra por una estrecha calle. Todo perfectamente calculado. Y se dirige a la emblemática Plaza de la Malva, a esperar a la Soledad. Allí, se encuentran los emblemas de ambas cofradías para dar paso al ya habitual encuentro de las dos Vírgenes de nuestra Semana Santa. Todo el pueblo aplaude a costaleros y a bandas, que tan buen trabajo han hecho. Y ya ambas cofradías retoman el camino hacia la Iglesia, siempre acompañadas de las miradas de los monoveros. Y entran de nuevo al Templo, primero la Dolorosa, abriendo paso y volviendo a lucir banda en su entrada; y luego, la Soledad, que en este caso no hace honor a su nombre, acompañada como va del espíritu del pueblo entero.

     Ya es Jueves Santo. Llueve. Algo de inquietud, pero a última hora de la tarde, deja de llover. Y a las 11 de la noche, las luces se apagan y tan sólo la luz de la luna ilumina las calles del pueblo. Comienzan a salir cofrades tras la Cruz de Guía y la banda de tambores infantil, pasan estandartes, faroles, las calles se iluminan por las velas de los penitentes, y la banda de tambores comienza a romper el Silencio con su sonido. Se escuchan los toques de campana. Y el redoble marca el paso del Cristo, que sale con su baile habitual, emocionante. La procesión marcha lenta, serena, pero sin descanso. Por calles estrechas circulan las luces de los cofrades, hasta llegar a la calle Río Guadiana, difícil subida para todos; más para costaleros. Se acerca el Cristo, da la vuelta a la esquina y enfila la calle. Muchísima expectación y tensión, que casi se cortaba. Fuerte, fortísimo redoble de la banda de tambores, que se abre para dejar paso al Cristo. Y comienza la subida, fuerte, vigorosa. Voces de apoyo, de nerviosismo. Y ya llegan los costaleros al final, ya las andas se ponen rectas. Suena la campana, y los aplausos. Y sigue la procesión, se va acercando a la Iglesia solemnemente y el sonoro y profundo redoble vuelve a rasgar el cielo. El Cristo mira al pueblo, al tiempo que desaparece por el umbral de la puerta y la luz de la luna deja de iluminarlo.

     Es de día todavía cuando va a salir el Nazareno de la Iglesia. El Viernes Santo ya comienza su recta final, marcada por la Procesión del Santo Entierro. En cada salida de cada una de las cofradías, una excelente saetera ofrecía a cada imagen un canto diferente, con un sentido, un significado. Poco a poco van saliendo las cofradías, que en esta procesión acompañan al Santo Sepulcro, a Cristo yacente. Descansa relajado pero siempre solemne, rodeado del profundo olor a incienso y escoltado por la Guardia Civil y sus serenos costaleros, que marchan marcando fuertemente el paso mortuorio y
fúnebre del Santo Sepulcro de Cristo. La procesión avanza por el recorrido de costumbre, lenta y muy pausada, pero poco a poco va llegando a la Iglesia. Tras el Cristo, se suceden las entradas del resto de cofradías, y la gente presta especial atención a la del Sepulcro: olor a incienso inunda toda la plaza y el “Jardinet de la iglesia”, y la banda toca sus características notas, hasta que los costaleros elevan el cuerpo de Cristo al cielo y entran en la Iglesia. A continuación, un tambor marca el paso, y varias mujeres portan sobre sus hombros el cuerpo inerte, el Yacente, a Cristo a punto de ser sepultado. Don Antonio volvió a hacer una reflexión sobre lo más importante de la Semana Santa: La resurrección y el triunfo de Cristo sobre la muerte. Y mientras sonaban acordes de trompetas y tambores, la Cofradía del Santo Sepulcro volvía a introducir el Cuerpo en su hornacina, en la que reposa Dios Hijo bajo los pies de su Madre.

     Acaba de amanecer perezosamente, cuando se escucha repicar. Son las 7 y media de la mañana. Tras la eucaristía, la Mayordomía de la Virgen del Remedio sale con su patrona y La Artística a la calle, siguiendo la tradición del Traslado, y cómo no, del desayuno popular. Ya alrededor de las 10 y media, después de que el Santísimo deja la Iglesia para ir hacia La Malva, nuestra Virgen del Remedio sube a la emblemática plaza, y allí se encuentra con su hijo, resucitado. Se inclina, hace reverencias frente a su Dios e hijo, resucitado. La Virgen abandona el luto, y
en sus manos aparece el color de las flores. Aplausos, palomas e himno nacional. Alegría general: Cristo ha vencido a la Muerte. Y ya Madre e Hijo, Hijo y Madre, vuelven a la Iglesia con la felicidad de todo el pueblo con ellos. Se acaban las procesiones, la Semana Santa culmina con el encuentro de la alegría. Otro año más de luna llena de Pasión, de incienso y tambor; otro año de Resurrección.

Carlos Navarro Rico
   Cronista de la J.M.C.S.S.M

Crónica publicada en la revista Cruz de Guía 2009
 
 
  
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