Semana Santa Monóvar - Pregón 2009

   
  Semana Santa Monóvar
  Pregón 2009
 

Pregón de la Semana Santa 2009


"El que lo trasciende todo entra en lo cotidiano de la existencia"
Un pregón suele ser el pórtico a un acontecimiento popular importante para la vida de un pueblo. Para nosotros es claro y evidente que la Semana Santa, en la mayoría de los rincones cristianos, es sumamente importante, pero para un creyente en Cristo no solamente es más o menos importante, es vital y trascendental.
   Las distintas ocupaciones que nos trae la vida, a pesar de la crisis económica de nuestro mundo, nos lleva en muchas ocasiones, a no centrarnos en los acontecimientos esenciales que dan sentido a nuestra vida.
   La Semana Santa se ha convertido en algo especial por la gran cantidad de personas que aglutina y por el fervor popular que arrastra, manifestado de formas diversas y distintas por las personas que participan en ella.
   Es bonito y evocador el sonido de los ensayos de trompetas y tambores que, prácticamente, desde Reyes comenzamos a escuchar. Las distintas Cofradías, después de no haber recogido nada en las loterías de Navidad, se disponen con paciencia y tranquilidad a hacer lo que puedan porque las cosas salgan lo mejor posible. ¡No hay tiempo que perder!...Se necesita ir concretando actos y actividades y se van multiplicando las reuniones…
   Ensayos, reuniones, sugerencias y qué hacer más o dejar de hacer en este nuevo año…
 Todo esto está bien y me parece muy bien, pero la vida nos invita a transformar, madurar, desarrollar lo que tenemos, heredado de nuestros antepasados y seguir hacia delante mejorando, enriqueciendo y compartiendo con todos lo mejor de cada uno…
 
 En este mundo nuestro se puede caminar de muchas maneras, pero fundamentalmente se resumen en dos: (como los mandamientos)
 * el camino del egoísmo, el orgullo, el individualismo, la indiferencia, etc., que en muchas ocasiones acaba en un cierto fatalismo;
* y el camino de la comunión entre todos, de la comunidad, del amor, de la paciencia, el respeto y la defensa de la dignidad de la persona como "imago Dei", como creada a imagen y semejanza de Dios…
 I.- Monóvar comienza sus manifestaciones públicas y populares con un Vía Crucis acompañado por la imagen de Cristo Crucificado. Es un empezar nuestra particular Semana Santa queriendo tener y sentir una panorámica general de los hechos fundamentales que Jesús realizó en sus últimos días. El Vía Crucis es un aprendizaje cristiano que nos hace bañarnos en la esencia vital de la fe cristiana a través de este tiempo reposado de oración y con la sensación cierta de que estás siguiendo las huellas de Cristo.
   Hemos de adentrarnos en este ejercicio litúrgico y recorrido creyente, con el ánimo de aprovechar fervientemente la oración y los toques serios que el Señor nos puede dar. Dicen que el amor es "atención"… Pues entremos muy atentos a lo que aquí se nos ofrece y atentos a lo que se va a provocar en nuestra interioridad, sensibilidad, pensamiento, voluntad y vida comunitaria.
   Estamos necesitados de la humildad básica que nos dice que podemos aprender de los gestos, las palabras y la vida de Jesús de Nazaret, a quien vamos a contemplar en íntima y estrecha relación con el sufrimiento y el dolor de la humanidad.
   El fin de la vida creyente es aprender el camino que lleva a la Fuente, a la vida primigenia de la que Dios nos hace partícipes. Que el conocimiento nos adentre en la comprensión y ésta dirija nuestros pasos hacia la conversión de la vida. Y así, todo acabe transformándose en el Reino de Dios, el que nos ha llegado de la mano del Señor Jesús.
   El Vía Crucis es el camino cristiano por excelencia, el más apasionante de cuantos pudo andar Cristo.
A través de la vía dolorosa se sintió solidario con todos los dolores posibles o imaginables de la humanidad. Este camino es la fuente a la que recurrir para contrastar, aprender, sacar conclusiones, para que nuestra conversión sea verdadera.
 Sólo una mujer o un hombre en oración auténtica pueden sacar provecho de este regalo. Que el silencio y la mirada contemplativa sean nuestros instrumentos en la hora de comenzar el aprendizaje propio del Vía Crucis.
 II.- El Domingo de Ramos aparece ante nuestros ojos la imagen de Jesús triunfante, aclamado y vitoreado por un pueblo que tiene mucho que agradecerle ante tantos milagros realizados entre sus gentes. Un Jesús ante el cual la mayoría de las personas se quitan sus túnicas para alfombrar su paso entre ellos. Los cánticos jalonan este gran día de Cristo entrando exultante en su Jerusalén    querida…
   III.- Dice un refrán español "que poco dura la alegría en la casa del pobre". Así fue y así es…lo abandonaron todos. ¿Qué más prueba quería Jesús de su ineficacia y de su fracaso? Son los suyos los que huyen. ¿De qué le ha servido tanta formación, tantas horas de dedicación a los doce? Mucho duele que los poderes del mundo lo condenen a uno, pero que lo hagan los propios amigos, es mucho más doloroso.
   Mientras estuvo Cautivo llegó a sudar sangre. ¡Cuánta soledad no sentiría!, ¡cuánta impotencia no viviría en aquellas horas! Su oración llega a momentos dramáticos de intensidad espectacular. "¡Si es posible que pase de mí este cáliz!" Pero "no se haga mi voluntad, sino la tuya".
   ¿Qué pasa con nosotros? ¿Cuál es nuestro comportamiento ético ante el sistema injusto en el que vivimos? ¿Cómo reaccionamos ante las tentaciones del sistema económico y moral? Nos quejamos de que vivimos en una sociedad sin valores, pero, ¿por qué valores nos jugamos la vida? ¿No estamos cayendo nosotros también en un comportamiento amoral? ¿No nos escudamos en el discurso quejumbroso, y, a la postre, huimos como los discípulos, cuando aparecen los problemas reales y tendríamos que dar la cara como creyentes?
   Existe en nuestra sociedad un grave problema ético. El dinero y lo material se están haciendo con nuestra mente y corazón. La mayoría sucumbimos ante sus propuestas tentadoras y nos alejamos de la verdad moral por miedo al qué dirán y a quedarnos fuera del sistema. Si queremos seguir a Cristo es un buen momento para que pongamos el corazón ante Él y le mostremos nuestros miedos a ser condenados, expulsados, a quedarnos solos si damos la cara por Él, por su Reino y por sus    valores morales. Es hora de reconocer nuestro pecado y de caer en la cuenta de la valentía moral de Aquél a quien amamos. Pongamos nuestras vidas en sus manos que nos dice: "No temáis".
 IV.- "Él cargando con la Cruz, salió al sitio llamado de la Calavera, donde le crucificaron".
Nos dice León Felipe:
 "Hazme una cruz sencilla carpintero…
sin añadidos ni ornamentos…
que se vean desnudos los maderos,
desnudos y decididamente rectos;
los brazos en abrazo hacia la tierra
el astil disparándose a los cielos.
Que no haya un solo adorno que distraiga este gesto:
este equilibrio humano de los dos mandamientos…
sencilla, sencilla, hazme una cruz sencilla, carpintero".
 
   Jesús Nazareno, carga con su cruz y las nuestras, de ahí lo que vemos y vivimos a cada paso: personas enfermas de ansiedad, enfermas de depresión, enfermas de búsquedas de felicidad por caminos aparentemente felices pero que acaban siendo caminos tortuosos y miserables, enfermas de dolor y de injusticia, enfermas de dispersión y de superficialidad. Es la gran cruz de nuestro mundo moderno y progre, que posee unos avances científicos y técnicos que ya hubieran querido soñar para sí todas las generaciones anteriores a nosotros…
 
   Jesús es obligado a cargar con la cruz de un mundo ingrato, pecador, ciego e incapaz de descubrir lo miserable de las actitudes ante la vida de aquellos que le obligaban a llevar esa carga. Jesús es cargado con un peso aparentemente insoportable y sin embargo comienza su camino con la dignidad propia de un hombre íntegro. Él sabe el peso que lleva a sus espaldas y sabe también por qué lo lleva. Y eso le hace fuerte en su debilidad extrema.
Ahí está Él, lleno de valor y dignidad, sin abrir la boca, dejando que la vida colme el vaso de la ira incomprensible de los hombres, dejando que se cumpla la voluntad inequívoca de Dios; esa voluntad que quiere a su Hijo al lado del sufrimiento sincero y auténtico de la humanidad.
   V.- En el camino te encuentras con tu Madre, sola, abandonada y sufriendo tus dolores…
   ¿Cuáles fueron los sentimientos de Cristo al ver a su Madre? Nos vuelve a impresionar el Señor. Llega un momento en el que se desprende de su misma madre para darnos a nosotros una madre. Su generosidad llega hasta el extremo.
   Va a dar la vida entera, hasta la última gota de su sangre y llega a ofrecer incluso "el vientre que le llevó y los pechos que le amamantaron".
 Con este gesto, Jesús hace que la Iglesia naciente, a pesar de abandonarle en el momento de la prueba decisiva, no se sienta huérfana, y hace, a su vez, que la Madre no se sienta estéril y sin hijos. Jesús siempre aparece pendiente de los demás, aún en el momento de la entrega suprema.
 
   Y ¿cuáles fueron los sentimientos de la Madre? Hemos de pensar sin remedio en las madres que pierden hijos en la flor de la vida, como consecuencia de la guerra o de la violencia, de los accidentes de tráfico, de la droga o de la enfermedad… No es posible encontrar un dolor como ese dolor. Ese dolor está inscrito en las imágenes tradicionales de la Piedad. No hay dolor como el de una madre que pierde un hijo joven. Por eso la piedad católica ha llorado y gemido al lado de las imágenes de la Virgen María en el misterio de la Soledad, de los Dolores y del sufrimiento.
   Es hora de que nuestra oración se conmueva ante las miradas cruzadas de Jesús y de su Madre. También nosotros podemos cruzarnos con sus miradas y entrar en esa complicidad de amor, de ternura y de misterio.
   Dejemos que la mirada de Cristo cambie el curso de nuestra insensibilidad y nos lance por el camino de un amor comprometido, como el de María, a favor de la Iglesia y de los humildes. "El Señor ha mirado su humillación".
   VI.- Miremos la cruz. ¡Son tantas cruces las que llevamos y vemos, pero de adorno! Pasamos por las distintas joyerías y vemos las filigranas en las que se ha convertido la cruz, ese recio, áspero y duro madero en el que fue injusta e ignominiosamente colgado Jesús de Nazaret. Muchas cruces las que cuelgan de nuestros cuellos, hogares y templos. Nos hemos acostumbrado al adorno, a las obras de arte y a los maestros que con su magia las hicieron. Pero, digámoslo fuerte: la cruz no es esto. Ni tampoco es el símbolo que se hace de pelea para que cuelgue en los colegios. Olvidémonos por un momento del signo, del adorno, del oro, del marfil, de las maderas nobles…
 "Le mataron un día de madrugada, cuando los hombres duermen y los gallos cantan". Le clavaron a un sucio y horrendo madero.
   Le colgaron desnudo y ensangrentado, atravesada su carne, sin romperle los huesos, y lo hicieron ante la mirada atónita y malévola de todos, para escarmiento de idealistas y soñadores.
   Le clavaron sin misericordia, con burla y odio, sin miedo. Al amor nadie le tiene miedo Le clavaron los poderes de este mundo y los que siempre hacen de tira-levitas, de pelotas o de secretarios intransigentes y fehacientes del dios barato al que ponen bien arriba, para que realmente no les moleste. Le clavaron con saña, como al más malvado de los hijos de los hombres, como a un pelele, servidor de Belcebú y los infiernos.
 
 Le clavaron con saña, con harto dolor y sin duelo. Creyeron cumplir con un deber de su justicia, la que siempre se inventan los hombres cuando quieren arruinar a sus adversarios eternos. Pero, visto lo que hicieron, hemos de plantearnos qué es lo que nosotros hacemos… Es evidente que decimos adorar la Cruz del Salvador y nos colgamos la cruz para que adorne nuestros cuerpos, pero, ¿cargamos con la cruz de los enfermos?, ¿con el dolor que provocan en sus seres queridos los muertos?, ¿cargamos con la injusticia del pobre, con su soledad, su miseria, su falta de trabajo y de sueldo?, ¿cargamos con la cruz de la marginación de los que vienen de otras tierras y desconocen nuestras costumbres?, ¿cargamos con la carga que llevan las familias con miembros   deficientes, inválidos, enfermos mentales?
Mirad la Cruz y los clavos…, que es mirar nuestra pobre realidad y, con fe, creer que es posible lo imposible. Por muy difícil que sea, hemos de creer que un Crucificado puede traer la libertad y liberación a todo el pueblo. No creamos que son los que viven bien los que pueden solucionar los    problemas del hombre. Si estáis clavados en la cruz de Cristo, en la cruz de vuestra soledad y entrega sacrificada, sabed que sois los llamados a vivificar la tierra, nuestra sociedad, y a llenarla de esperanza…
 VII.- ¿Quién es este muerto? El misterio de Cristo es el misterio del Dios vivo y verdadero y es el misterio del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. En este muerto se unen el cielo y la tierra, y en él, mediante su sangre derramada, brota la esperanza perdida para la humanidad. No hay nada ni nadie como Jesucristo. Es verdad que ahora está muerto, que todo se ha consumado, que se han cumplido las Escrituras, que la vida ha sido aparentemente derrotada, es verdad que los discípulos de Emaús se vuelven a casa decepcionados porque, ya ves, "hace tres días que esto sucedió".
 Pero ahora que tenemos a Cristo muerto en nuestros brazos, no podemos por menos que volver la mirada hacia atrás y ver los signos que ha realizado, las obras de amor que ha manifestado, las palabras que ha pronunciado. ¿Cómo olvidar, Maria, su nacimiento, su formación, su tiempo de desierto, su bautismo, su presentación del reino, su elección de los primeros discípulos, la acogida a tantas mujeres, los signos realizados en los ciegos, en los leprosos, en los cojos, en los endemoniados…; cómo olvidar su amor a los pobres y a los sencillos, su invitación a la oración y al silencio, su cercanía a los niños, su asombro ante los ingenuos; cómo olvidar sus palabras que nos han invitado a creer ante todo y sobre todo en el amor, la misericordia y la providencia del Padre-Dios; cómo olvidar su doctrina sobre las bienaventuranzas o sobre el amor a los enemigos; cómo olvidar la grandeza única de su alma y el único ideal    perseguido: dar la vida por los amigos?
   No, no podemos olvidar. Jesús ha muerto pero algo nos dice que vive, que esta muerte ha sido y es para la vida, para nuestra vida…
 
   No hay nada tan auténtico, tan veraz, tan serio y tan profundo como Él. No hay nadie que nos haya hablado como Cristo. No hay ningún hombre sobre la tierra que pueda engancharnos la vida entera como Él lo ha hecho. No podemos amar a nadie como lo amamos a Él. No podemos dar la vida a nadie como se la damos a Él. Su vida, sus palabras, sus gestos y su muerte nos confirman que Jesús es único y, por tanto, es fiable. Nos podemos fiar de Él y podemos confiarle el ritmo de nuestros días. Hacemos nuestra su muerte y su vida. Hacemos nuestro su mensaje, su Buena Nueva, su Evangelio. Hacemos nuestro su Reino.
   Señor Jesús, muerto para nuestra salvación, déjanos que te miremos, que te toquemos, que te palpemos, que sintamos tu suerte como la nuestra, que sintamos en tu presencia la presencia del cielo. Los seres humanos andamos perdidos, pero en tu imagen encontramos hoy nuestro consuelo. Nuestro corazón anda mortecino, como ahora vemos tu cuerpo muerto, pero algo nos dice y nos grita que no estás muerto, que no estamos muertos. Hemos de fiarnos de este susurro de vida que todos hemos oído y sabemos. ¿Ha merecido la pena tu presencia, tu pobreza, tu lucha, tu esmero, tu suerte, tu muerte?…
   Algo nos dice aquí, en este silencio, que estamos viviendo la noche más larga de la historia pero también la más bella. Esta noche de tres días junto a tu cuerpo muerto. Hemos de meditar lo que ha sucedido en Jerusalén, pues es la llave del cielo.
 VIII.- Amigos el Buen Pastor no abandona a ninguno de los suyos, a pesar de su fracaso o de su abandono. Ninguno quedará sin la curación necesaria; hasta el mismo Pedro tendrá su curación amorosa, la del ojo por ojo, la de la ley del talión, pero pasada ahora por Jesús a positivo, a amor y a sólo amor. Tres veces negó Pedro, tres veces le pregunta Jesús si le ama. El Buen Pastor les reconforta a todos ellos, les reconcilia, los reúne de nuevo, los libera, los sana, les quita los miedos, les hace lanzarse al agua. A Juan, especialmente le concede el don de la visión inmediata, la que sólo al amor es capaz de aportar: "¡Es el Señor!", dice él, al ver de lejos a Jesús.
 La resurrección es la confirmación del amor de Dios por la humanidad, hecha en la persona de Jesucristo.
Cristo resucitado viene a animar una fiesta en lo más profundo de nuestro ser...
La fiesta de la vida, de la verdad, de la esperanza, de la alegría. En definitiva, la fiesta del amor.
 
   Dios está enteramente de nuestra parte y va a potenciar, siempre que nosotros creamos y confiemos en Él, todos los caminos y todas las semillas del amor.
   El Señor, que ha sido resucitado del sepulcro por la misericordia entrañable y decidida del Dios Todopoderoso, tiene misericordia de cada uno de nosotros. Y sale a tu encuentro el mismo Cristo Resucitado, igual que se encuentra con su Madre María del Remedio en la hermosa mañana de la Pascua…
   No te necesita justo ni santo. No te quiere perfecto y redondeado. Como a Pedro, sale a preguntarte si lo amas verdaderamente. Como a Juan te sale al encuentro para que tus ojos de amor lo identifiquen al borde de los caminos y en la marginalidad de la vida de los pobres.
   Como a Tomás, te sale al encuentro para aceptarte plenamente entre tus dudas y tus cabezonerías. Como a Pablo, te sale al encuentro para tirarte del caballo de tu orgullo y de tu prepotencia y para encaminarte por los caminos de la Iglesia…
Como a Francisco de Asís, como a Agustín de Hipona, como a Teresa de Jesús, como a Teresa de Calcuta, como a Óscar Romero y a tantos otros a lo largo de la historia…
   A ti, sí, a ti, ahora, te sale al encuentro. PÁRATE, MIRALE y DEJATE amar y llevar…
 Es el momento de tu encuentro con el Maestro…
 
   Un Encuentro con Cristo Resucitado que, llevado de las manos de la Madre del Remedio, nos recuerda siempre las últimas palabras de Jesús en lo alto del Calvario:
   "Monoveros, ahí tenéis a vuestra Madre,
   María del Remedio, ahí tienes a tus hijos.
 Y, desde aquel momento todos recibimos en nuestra casa a María como Madre nuestra y de todos los hombres".
   Y a su Hijo Jesús como Señor de nuestras vidas y camino verdadero para todos los hombres y mujeres…
                                               Amén.

D. Antonio Alcolea Martínez
Cura-Arcipreste de Monóvar

Pronunciado el 14 de Marzo de 2009 en el Teatro Principal de Monóvar

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